Todos somos consumidores

Todos los adultos somos consumidores. Todos tenemos el poder de elegir qué, cómo, cuánto, dónde y para qué consumir. Y como tenemos ese poder, es nuestra responsabilidad ser críticos y conscientes en nuestro modo de consumir. No podemos ni debemos eludirla, indicando que ‘otros’ son los que nos obligan a hacer algo, o que «no tenemos otra alternativa».
Nuestro consumo se encuentra cada vez más disociado de las necesidades humanas y más cercano al despilfarro. Para llegar hasta este punto juega un papel clave la exaltación publicitaria de las emociones y la mercantilización de los afectos, proponiendo la compra de productos como vía para poder expresarlos. Las calles y muchos otros espacios de nuestra vida se llenan de una publicidad que está destinada a promover un consumo acrítico y descontrolado.
Empoderarse en este escenario consiste básicamente en pasar de este tipo de consumo a uno más crítico y adecuado a nuestras necesidades reales.
