|

Potenciar el talento

education-1580143_640

La verdadera educación es aquella que se enfoca en desarrollar el talento de las personas desde muy temprano

Hugo Landolfi

 

Talento es una de esas palabras fetiche que estimula todo tipo de estereotipos (esquemas mentales simplificados) y de mitos (relatos que exageran o deforman la realidad) positivos en nuestra sociedad actual. O que genera indisimuladas muestras de rechazo en la sobreabundancia.

Si haces un pequeño rastreo en internet verás decenas de definiciones de talento, y miles de frases impactantes que lo incluyen en su seno. Todos sabemos intuitivamente qué es «tener talento» en una actividad humana cualquiera, ya sea la ciencia, la papiroflexia o la procrastinación.

No hay límites para nuestra imaginación. El talento es toda aquella fortaleza o recurso del ser humano que le posibilita para desarrollar una determinada acción con cierto grado de destreza. Algunos lo sitúan en el espacio de la dotación natural y otros lo localizan en el ámbito de la competencia o habilidad desarrollada.

El talento es relativo

Todo el mundo desea tener talento para algo. Y en ese deseo, confesado o inconfesado, se articulan frases que borran el carácter esencial del talento: es una cuestión de grado, como la estatura o la temperatura. «Todos tenemos talento», borrando la noción de grado, tiene el mismo sentido -ninguno- que «todos tenemos altura» o «todos tenemos temperatura». Es obvio que todos tenemos altura, pero también es evidente que no todos tenemos la misma altura… Ni falta que hace. En la variedad está el gusto.

El caso es que el talento, traducido como fortaleza del ser humano, es también una cuestión relativa.

¿Qué quiere decir exactamente que el talento es relativo?

Pues simple y llanamente que se define (se mide, se evalúa o se estima) siempre en relación a un determinado marco de referencia.

Si el marco de referencia somos nosotros mismos, sabemos o intuimos que todos tenemos fortalezas y debilidades relativas (relativas a este marco que soy yo mismo). Con otras palabras, si se me da mejor las matemáticas que el deporte, afirmo que mi fuerte son los números y mi debilidad es la actividad física.

Si el marco de referencia se amplía a nuestro círculo de amistades o de personas conocidas, esas mismas fortalezas y debilidades se «relativizan», se disponen en función del nuevo marco. Así, puede ser que mi fortaleza con las matemáticas, puesta en relación con un grupo grande de compañeros de estudio, se convierta en algo normal o incluso por debajo de la media de ese grupo. O puede que no, que destaque aún más dentro de ese grupo. Incluso puede darse el caso que mi debilidad relativa (a mí mismo) del deporte sea una fortaleza en el seno de ese mismo grupo. Que yo sea mejor deportista que la mayoría de mis compañeros aunque dentro de mí mismo no sea el talento más destacado.

 

Minar o mirar las fortalezas

Esta confusión de la relatividad del talento produce esperpentos cuando no se comprende en su propio marco de relaciones. Y sirve de excusa para no hacer nada para potenciar el talento de una persona. «Sí, se le da bien los números, pero no destaca tanto como sus compañeros», o «sí, parece que comprende las matemáticas pero debería hacer más deporte para socializar con sus compañeros». El eje de cada excusa se sitúa siempre fuera del foco importante: las fortalezas o los talentos de cada uno.

A ver, si a la chica se le da de muerte la música, centra tu energía en proporcionarles oportunidades para desarrollar ese talento. No te preocupes tanto en tratar de paliar otros aspectos en los que ella misma no destaca o no se siente en su «elemento». Si al final lo que se le da bien de manera natural será lo que le permita volar, lo que le aporte la autoestima para trabajar sus debilidades relativas -si lo desea- o para aceptarlas como parte de un ser complejo e imperfecto que vive con sus contradicciones internas, con sus luces y sus sombras, y no pasa nada malo con eso.

Y esto es válido para aquellos que tienen niveles de fortaleza relativamente altos dentro de un amplio grupo o dentro de una métrica estadística general (medido en percentiles) y para los que poseen un nivel de fortaleza por debajo de la media general. Todas las personas tienen el derecho reconocido internacionalmente de desarrollar sus talentos hasta el máximo de sus posibilidades. A veces, con la simple acción de no entorpecer o torpedear su desarrollo natural bastaría. Otras, con la puesta en marcha de técnicas, tácticas o estrategias para potenciar el talento, ya sea en empresas, en equipos deportivos, en clubes sociales o en cualquier tipo de organización humana.

El talento es un capital humano, social y simbólico de primer nivel que toda sociedad avanzada y concienciada trata de cultivar, cuidar, retener o captar para progresar. Todo talento suma, desde el más pequeño al más grande, desde el más evidente al más escondido. La cuestión es amarlo, dejarlo ser. Como esas flores que no las cortamos porque las amamos como son.

Y esto que es tan sencillo de ver, parece una auténtica quimera en países como el nuestro, que lo despilfarra a manos llenas salvo en los casos de determinados talentos deportivos que, sintiéndolo mucho y valorando algunas de sus aportaciones destacadas (aprender a trabajar en equipo, solidaridad, fair play, etc), no van a lograr impulsar una sociedad más justa, más coherente, más sabia, mejor preparada y con mejores ideas para que la sociedad en la que viven de un salto adelante. No se puede avanzar cultivando el complejo de enfermera de la Cruz Roja, como dijo una vez el actor Juan Echanove. Pablo Bujalance: «La postura oficial del carácter español hacia el talento es la de la viva sospecha. Cualquiera que no sea susceptible de merecer nuestra caridad cristiana es, como mínimo, ínclito a lo pecaminoso».

La educación es el mejor instrumento para fomentar el talento en todas las actividades humanas. Pero un mal uso de ese instrumento sirve para frenarlo. La misma herramienta es parte de la solución o parte del problema. Y viendo cómo estamos en la actualidad creo que la respuesta es clara.

El talento requiere visión de largo alcance y mucho esfuerzo para llegar a desplegarse hasta el máximo de sus posibilidades, como suelen recordar algunas personas relevantes:

  • El talento es más barato que la sal de mesa. Lo que separa el individuo talentoso del éxito es un montón de trabajo duro.-Stephen King
  • El genio es talento incendiado por coraje.-Henry Van Dyke
  • Puede haber personas que tengan más talento que tú, pero no hay excusa para que cualquiera pueda trabajar más que tú.-Derek Jeter
  • No hay tal cosa como un gran talento sin gran fuerza de voluntad.-Honoré de Balzac
  • Cada talento debe desplegarse en la lucha.-Friedrich Nietzsche
  • El talento gana partidos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos.-Michael Jordan
  • El éxito es lo que haces con tu habilidad. Es la forma en que utiliza tu talento.-George Allen, Sr
  • El artista no es nada sin el don, pero el don no es nada sin el trabajo.-Émile Zola
  • El talento es un multiplicador, mientras más esfuerzo inviertas en desarrollarlo, mayores serán los resultados que obtendrás.-Marcus Buckingham
  • El genio está conformado de dos por ciento de talento y del 98 por ciento de perseverante aplicación.-Beethoven
  • Los que presumen de su coeficiente intelectual son unos perdedores.- Stephen Hawking

Entrada inspirada en un vídeo que ha tenido la gentileza de compartir con algunas personas Johana B. Argüeso. Gracias.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *