Altas Capacidades. Salir de la queja constante

Se suele decir que la tristeza compartida se divide y que la alegría compartida se multiplica. Como simplificación emocional puede ser válida, siempre que hablemos de gestos o actos esporádicos, pero la realidad nos muestra que cuando la tristeza compartida cobra forma de hábito o acto repetitivo (frecuente y duradero) cambia el sentido de la operación: se multiplica la tristeza. El contagio está asegurado. El ambiente se enrarece y resulta complicado cambiar el tono emocional del lugar.
CLAVE FID (Frecuencia, Implicación y Duración)
La diferencia entre un gesto y un hábito se comprende en función de la frecuencia con la que se ejecuta algo. Si alguien toca un día un instrumento no tiene mucho sentido decir de esa persona que “es músico”. Tendrá que hacerlo con cierta frecuencia para poder afirmarlo fehacientemente.
En política y asociacionismo se suelen confundir con demasiada frecuencia los hábitos con los meros gestos. Nadie “es un buen gestor” o “es un gran trabajador” si apenas ejecuta gestiones o no da un palo al agua. Pero de este mar revuelto salen ganando los pescadores habituales: los figurantes o los del postureo. Los que se llenan la boca hablando de “todo lo que hacen” por los demás.
Pero siendo importante, no es suficiente con la frecuencia. Hay que aplicar también el filtro de la duración. Porque uno puede empezar a ir al gimnasio los primeros días con mucha frecuencia y a las pocas semanas aburrirse y dejarlo. El espacio temporal en el que se ejecutan esas acciones marcará también el carácter de habitualidad. Así, si alguien escribe con mucha frecuencia durante meses podrá escribir un libro, y que se diga de él que “es escritor”. Pero se entiende fácilmente que cuanto más tiempo dure escribiendo con frecuencia más sólida será esa etiqueta. “Será más escritor” que alguien que solo hizo una obra en su vida.
Paola Graziano nos cuenta en este pequeño artículo qué es la queja constante y cómo se puede salir de ese bucle. Algo absolutamente necesario en estos momentos en el ámbito de las altas capacidades, donde la queja está dominando a las acciones, creando un ambiente realmente desolador del que se necesita salir con urgencia antes de que sea demasiado tarde.
Hace más de 11 años encontré ambientes similares en el foro que tenía esa lástima hecha negocio llamada El Mundo del Superdotado. Cien mensajes de quejas, miles de respuestas de refuerzo de las quejas. Ni una sola propuesta de solución a todos esos problemas. Y cuando preguntas, como novato, si alguien quiere hablar sobre AACC para aprender obtienes un atronador silencio. Dos días duré ahí. Porque una cosa es quejarse puntualmente por algo, que es lo normal, y otra diferente convertir un espacio en una queja constante sin darse cuenta de los efectos que eso produce en los participantes. La moral por los suelos, incapaces de salir del bucle, incapaces de proponer una sola acción colectiva. La nada…
Distinción entre la acción individual y la acción colectiva
Aunque en los dos párrafos anteriores (señalados en verde) lo expongo de modo explícito, creo que es importante resaltar que esta entrada, como la mayoría de las que escribo en este blog, está inspirada en los efectos que este mecanismo tiene en la acción colectiva, aunque lógicamente se active desde la esfera individual que es donde se puede trabajar y de ahí que añada el artículo que viene a continuación.
Pienso que la acción colectiva es mucho más sensible a los efectos inmovilizadores de la queja que la acción individual. El bloqueo individual necesita una mayor presencia de la queja para activarse. Con otras palabras, que sea más constante. Sin embargo, la acción colectiva se desactiva o se desalienta con muchísima mayor facilidad porque no suele estar en nuestro eje de acción habitual. No es necesario que todos los miembros de un grupo se quejen con continuidad para que el ambiente emocional se contagie y se desaliente la acción conjunta. Transita por debajo del radar de nuestra conciencia y cuando nos damos cuenta «la tropa está desmoralizada» sin saber muy bien por qué.
La lucha o la acción individual es loable en sí misma, pero su impacto se ciñe a lo personal. Cuando se unen 5, 10 ó 50 luchas individuales entramos en otra dimensión, la dimensión política. Política entendida en su sentido fuerte de acción con incidencia colectiva, no el politiqueo al que llamamos con la misma palabra.
Cuando la acción política brilla por su ausencia sus efectos se notan no solo a nivel del colectivo sino también en todas y cada una de las luchas individuales. La acción (o inacción) colectiva condiciona la acción individual. La «situación general» es el producto de esas acciones (o inacciones) conjuntas, y la «situación general» nos afecta a todos y cada uno. Por eso siempre abogo por acciones colectivas para poder cambiar la «situación general», aunque sea un discurso que hoy día no parece tener mucho recorrido ni impacto. Dejamos en manos de otros esas acciones, con las nefastas consecuencias que eso conlleva y que motivan tantas quejas individuales, consoladas y animadas por otros individuos que también nos vemos afectados por ese trasfondo llamado «situación general». Quejas que jamás han revertido la «situación general» aunque al compartirlas se liberen emociones contenidas, pequeñas descargas que alivian las luchas individuales aunque sean de corto alcance.
Cómo salir del bucle de quejarse por todo.
FUENTE: https://psicologia-estrategica.com/salir-del-bucle-quejarse/
