Inspirar con el ejemplo

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Hace casi tres años dialogaba con el Maestro Luis Anes, un referente en innovación educativa, porque quería contar son su experiencia para el blog de la Plataforma. Una de las frases que le escribí se le quedó tan grabada que desde entonces la usa en todas sus comunicaciones: No hay nada mejor que el ejemplo para inspirar, porque de consejos estamos colapsados.

Vivimos en un mundo acelerado y enloquecido en el que los consejos se regalan con inusual frecuencia. En la mayoría de los casos, son consejos que se ‘venden’ a otros pero no se aplican a uno mismo: haz lo que yo diga pero no lo que yo haga.

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Los expertos en cualquier tema brotan como setas. Es una plaga que no tiene visos de erradicarse. El resultado de esta banalización de la experticia es que cada día cuesta más discernir el genuino profesional del advenedizo con ínfulas. Pero todavía queda algo de esperanza: su ejemplo. Si observas cuidadosamente al típico vendedor de humo comprobarás que sus palabras no son congruentes con sus acciones. Pero hay que hilar fino porque aquellas forman un grueso manto que a la mayoría le resulta impenetrable.

Por todo ello, cuando encuentras ejemplos en cualquier esfera de la vida que te inspiren, vas a por ellos de cabeza. Ya sean ejemplos de cordura, de profesionalidad, de innovación, de liderazgo, de iniciativa personal, de bondad o de cualquier otro asunto al que le otorguemos un valor constructivo. Recalco lo de constructivo porque también podemos sentirnos inspirados por ejemplos destructivos que, obviamente, no nos harán ningún bien.

Y alguien podría preguntar, ¿quién decide lo que me hace bien o no?

La respuesta es obvia: tú.

Si tú mismo no eres capaz de discernir lo que te construye, tienes un serio problema. Nadie más. Esa responsabilidad no se puede cargar en los hombros de otros, exculpándote de no hacer nada para cambiar tus propias dinámicas destructivas. Esto es una obviedad que muchos no desean ver, achacando todos sus males el «entorno».

Como todos, conozco personas extraordinariamente inspiradoras que, sin mediar muchas palabras o consejos, han logrado sacudir esquemas mentales rígidos que sostenía en ese momento. Y para ellas va mi eterno agradecimiento. Porque parte de lo poco o mucho que haya construído en mi forma de ser ha sido gracias a su ejemplo, empezando por las más cercanas emocionalmente que todo el mundo tiene: su familia y amigos.

Es importante para nosotros mismos dejarnos inundar por esa lluvia fresca de la acción ejemplar. Esos regalos son siempre bienvenidos y, en consecuencia, agradecidos.

Así que gracias por ser como eres y por hacer lo que haces para construir algo mejor.

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