Explorando la etimología del término excelencia (ex-cellere: «sobresalir») es posible verla como algo eminentemente intrínseco. Se podría ver como un salir de los límites actuales, o una forma de ampliarlos, de mejorarnos. Algo inherente.
En un contexto evolutivo o desarrollista, la excelencia señalaría el paso al siguiente estadio o nivel evolutivo. El salto cualitativo. Un seguir progresando hacia otros niveles posibles de excelencia posterior.
La perfección, o más bien «lo perfecto» sería el final de un camino, el acabamiento. En un pensamiento evolutivo de actualizaciones constantes de potenciales (siempre podemos mejorar algo), la perfección sería vista como un ideal, un horizonte o, si se quiere, una convención arbitraria establecida extrínsecamente. Incluso si somos nosotros mismos los que consideramos algo de nosotros mismos como perfecto.
También podría verse de modo extrínseco en un continuo de optimización donde lo primero que hallaríamos es la excelencia como el primer tramo que destaca claramente de un grupo promedio y, al final del trayecto, encontraríamos la meta, la perfección. Lo que ocurre es que la realidad no suele ser tan idílica, porque las curvas de optimización llegan a su máximo en un momento y luego siempre bajan. Luego el final de la historia no está nunca arriba del todo…
El perfeccionismo podría verse como un impulso interior que nos hace buscar la excelencia -la mejora constante- en su versión sana (perfeccionismo adaptativo) y «lo perfecto» en su versión insana (perfeccionismo desadaptativo). Se podría imaginar como un fuego, que hasta un determinado nivel de intensidad nos calienta y que pasado ese nivel comienza a quemarnos.
El perfeccionismo sano se asienta en lo que denomino la visión proceso, mientras que el perfeccionismo insano se vincula a la visión meta.
La visión proceso funciona con pensamientos de este tipo: «he avanzado 1, bien… he pasado a 2, estupendo… logré llegar a 3, excelente». Se sustenta en el disfrute del camino. Cada hito se celebra como único e insustituible. Se suman sensaciones positivas que funcionan como motores para continuar.
La visión meta funciona con pensamientos de este tenor: «me quedan 100, uf… me quedan 99, qué difícil… me quedan 98, esto se hace eterno». Esta visión produce un enorme desgaste energético basado en la permanente insatisfacción. Las sensaciones son casi siempre negativas y, sobre todo, de meta inalcanzable.
En este enlace podemos conocer un poco más la diferencia entre los distintos modos de perfeccionismo, con sus ventajas e inconvenientes. Espero que os resulte de utilidad.
Ventajas y desventajas de ser demasiado perfeccionista
La cara y la cruz de una característica muy común en nuestros días.
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¿Qué entendemos por éxito? Éxito viene del latín exitus, que significaba literalmente salida (adoptado con ese sentido por los ingleses como exit), pero también término, resultado o fin. Con estos últimos sentidos llegó a nuestro castellano actual, para definir el fin o terminación de un negocio o asunto de un modo feliz. Llevar algo a buen…
Hace tiempo leía un listado de características de la creatividad y algo en él me llamó la atención: no todas las manifestaciones tenían la misma consideración social. Algunas aparentaban inocuidad mientras otras parecían realmente peligrosas o molestas. A los pocos días me vino una idea sobre la diferente valoración social de la creatividad. Como si…
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