Septiembre y el despertar de las AACC

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Como cada septiembre de cada nuevo curso escolar, las AACC despiertan de su letargo veraniego. Las mal llamadas becas son el pistoletazo de salida para la mayoría en la carrera anual por lograr la atención educativa de nuestros pequeños. Y el regreso al cole nos pone las pilas definitivamente. Estamos en marcha.

Como cada año escolar, se realizan las mismas preguntas y se aportan similares respuestas. Se renuevan los grupos de apoyo o diálogo, los usuarios y los socios de las asociaciones, los proyectos para la mejora de la atención al colectivo. Se organizan jornadas, congresos, seminarios o reuniones más informales para impulsar la sensibilización, visibilización y la formación de los agentes involucrados en este colectivo.

Pero, sobre todo, se repiten los mismos patrones de comportamiento. Patrones de acción que pueden ser consecuentes o contrarios a los patrones de visión o de comunicación. Todo esto genera en los veteranos de la reivindicación una fuerte sensación de estar reviviendo el día de la marmota. Belén Ros, la abogada especialista en AACC más importante de nuestro país y amiga desde hace casi una década, lo deja radicalmente claro en ese texto. Texto que suele levantar ampollas entre quienes no hacen nada por producir cambios, ya sea por falta de tiempo, de ganas, de formación, de confianza en si mismos o de otros motivos; ya sea porque sus discursos y sus acciones no casan entre sí, promoviendo de boquilla acciones reivindicativas (activistas o reactivistas) pero aplicándose primordial o exclusivamente en acciones asistencialistas. Texto imprescindible para comprender qué acciones se pueden acometer y qué mejoras se pueden alcanzar, desde una visión terrenal y no desde el salón teórico de quién no ha pisado estas arenas movedizas de la administración educativa. Cuando eres «joven» -simbólicamente hablando-, tu visión suele ser rupturista y sueles verte atraído por el (re)activismo. Al madurar y llegar a la visión «adulta» del reformismo, tu atracción es hacia el activismo. Y cuando te siente vencido por la lucha, la vida o el sistema que deseas cambiar, en la «vejez» simbólica, adoptas las visión conservadora y optas por el asistencialismo. Es la evolución normal tanto a nivel individual como colectivo. Por eso las revolucione sólo se producen en determinadas condiciones de confluencias de visiones y acciones consecuentes.

Los pocos cambios que se han logrado a lo largo de tres décadas responden a un patrón muy definido.

  1. Olla a presión. La situación es insostenible. Se producen cambios a peor en determinados terrenos administrativos.
  2. Confluyen varias personas con visiones rupturistas y reformistas, que han de luchar no solo contra el sistema sino contra la mayoría de visiones conservaduristas que desalientan la acción: «no lo hagas, no servirá de nada», «nada va a cambiar», «nunca he visto cambios», «lo único que necesitamos es que alguien nos ayude», etc.
  3. Se unen en organizaciones reivindicativas. Comienzan su trabajo juntos y contactan con diversos agentes de la administración educativa. Si estos agentes quieren trabajar, colaborarán; si estos agentes no quieren trabajar, reivindicarán. Como lo habitual es lo segundo, se generan fricciones lógicas entre quienes tienen los derechos y quienes tienen las responsabilidades -por ley, no por capricho- en el ámbito escolar.
  4. Se incrementa la presencia y presión. Las reuniones de trabajo aumentan. La presencia constante de estas organizaciones en la vida administrativa incomoda tanto que la administración no puede ignorarla, y a regañadientes accede a negociar. Cuando se enroca, las familias unidas pueden ir un paso más allá y denunciar públicamente esta situación. Y la denuncia pública genera movimientos en la administración que produce los cambios.

Pero claro, esta tensión cuesta mantenerla en el tiempo, ya sea por el desgaste propio de la lucha o por el cambio en las condiciones internas de esas organizaciones, que pueden pasar de ser instrumentos políticos a ser meras subcontratas de la administración, realizando el trabajo que éstas no asumen, o a ser empresas que asisten a gran cantidad de usuarios con gran interés personal y nulo interés colectivo en sus acciones, aunque sus discursos parezcan reivindicativos: «habría que», «deberías de»

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