¿Y ahora qué?

Después de la experiencia vivida estos últimos días surge una pregunta: ¿y ahora qué?

Ahora toca avanzar, seguir adelante, retomar la normalidad: escribir cuando surja la necesidad o la inspiración, compartir lo que vea conveniente y donde estime oportuno.

No todos los días recibimos denuncias falsas con fuerza suficiente como para que esa maquinaria inexpugnable que es Facebook actúe inquisitorialmente, sin preguntar, como en el salvaje Oeste: primero disparo y luego pregunto.

Pero lo mejor es que no todos los días recibimos un aluvión de mensajes de apoyo y de iniciativas que clamaban justicia, que visibilizaban este atropello y no se quedaban callados.

Si hay que poner en una balanza lo vivido, es evidente que el peso del apoyo recibido, tanto de personas que conozco como de otras que no me conocen ni jamás se habrían acercado a este blog si no hubiera sido por este asunto, es infinitamente mayor que el peso del disgusto al comprobar que este espacio quería ser silenciado; y con él, yo mismo.

Desde luego, quien pergeñara esta acción debe ser increíblemente torpe porque ha consiguido justo lo contrario de lo que pretendía:  en estos días han subido como la espuma los lectores y las visitas, las referencias al blog, los contenidos compartidos y, en la red social donde se quería vetar, muchísimo más apoyo. Considero que es suficiente castigo. Y si Facebook quiere hacer algo más, en sus manos está. Yo me quedo con lo bueno de toda esta experiencia, que ha sido mucho.

Resultado de imagen de todo tiene su tiempo

Por ese motivo, la respuesta a la pregunta de la entrada es clara: ahora nada.

Cierro capítulo y abro de nuevo el cuaderno de las ideas.

Siempre hacia adelante.

 

¡Gracias a todas las personas que han empujado para deshacer esta injusticia! No tengo palabras para agradecerlo, pero está en el fondo de mi corazón.

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