Altas capacidades. Intensidad cognitiva

Hace unas horas iniciamos un nuevo hilo de Discord en Redaci con el tema Intensidad cognitiva. Como suele pasar en estos casos, en medio del diálogo surge la pregunta sobre este tipo de intensidad para poder saber a qué atenernos y cómo distinguirla de otros tipos de intensidades. Es muy importante esto porque es un principio muy básico de todo diálogo: establecer la semántica de los términos puestos en liza nada más empezar. Y, desde ahí, desplegar, ampliar, discutir, matizar o todo lo que se desee aportar.

Comenzaré con el sustantivo Intensidad. Para no perdernos en términos académicos recojo la definición más común, la que nos da la RAE: «Grado de fuerza o de energía con que se realiza una acción o se manifiesta un fenómeno, un sentimiento, etc.». Algo que se manifiesta con un determinado grado de energía. El grado, como siempre, puede transitar en un continuo que irá desde el más bajo al más alto que podamos imaginar. Cabe por tanto la baja intensidad como la elevada intensidad. No obstante, igual que pasa con otros sustantivos, su uso común suele esconder o dejar implícito el grado alto. Por ejemplo, cuando decimos de una persona que es «intensa» lo que señalamos es que es «muy intensa»; nunca le decimos intensos a los de baja intensidad. Pasa exactamente lo mismo con la inteligencia, que se usa con ese mismo implícito cuando decimos de una persona que es «inteligente». Matiz tan obvio como necesario. Tendemos a borrar tanto el grado que nos olvidamos que muchas veces va implícito en un discurso.

¿Y qué es lo que se manifiesta en este caso? Pues una respuesta, así que la intensidad apunta a un tipo de reacción o responsividad (capacidad de respuesta). En este caso, a una de tipo cognitivo, que es de lo que va el tema en cuestión. La responsividad o reactividad es un fenómeno que se da justo después de otro bastante conocido: la sensibilidad, receptividad o perceptividad. Con palabras sencillas. Antes de reaccionar a algo, has de recibir o percibir ese algo que te provoca la respuesta.

Por lo general, solemos confundir la sensibilidad con la intensidad, sobre todo a nivel motor o emocional, ya que la primera conduce a la segunda con casi total seguridad, de modo que su uso indistinto no suele general problemas de comprensión. Ahora bien, no pasa exactamente igual entre la sensibilidad cognitiva y la intensidad cognitiva, ya que ahí entra en juego esa capacidad que tenemos algunos seres vivos de negar ciertos impulsos o, simplemente, de gestionarlos. Si no tuviéramos ninguna seríamos, simplemente, máquinas que reaccionaríamos automáticamente a todos los estímulos. Veletas de todo lo que ocurre fuera de nosotros mismos. Si tenemos hambre y vemos un manjar apetecible, siempre podemos decir «no» a su consumo. Un ligero margen de libre albedrío poseemos. Pues aunque sea poco, lo introduciremos como factor que permite matizar la diferencia entre sensibilidad cognitiva y respuesta cognitiva.

Continuaré con el adjetivo Cognitiva. Para no hacer esto un engorro semántico inextricable, distinguiré tres dimensiones (puede haber alguna más): motora, emocional y cognitiva. La primera es la más básica, es la corporal en su dimensión motórica e incluiría los sentidos, por eso a veces uso el adjetivo sensitivo. El típico ejemplo de elevada sensibilidad/reactividad sensitiva sería la enorme incomodidad que algunas personas sienten ante ruidos o al mero contacto de determinados tejidos o partes de su vestuario. La segunda sería la reacción corporal en su dimensión emocional, que incluirían todas las emociones básicas estudiadas: la sorpresa, la tristeza, el desprecio, el miedo, la ira, la alegría y el asco. La tercera es la más compleja, ya que no solo incluye el pensamiento racional sino también los sentimientos, que son «emociones representadas en el teatro de la mente» que decía Shakespeare y que recogió con mucho tino el neurocientífico Antonio Damasio en su libro En busca de Spinoza, cuando distinguió la emoción del sentimiento.

Por último, añadiré una distinción básica más. Intensidad no debe entenderse como sinónimo de Frecuencia ni es intercambiable con Duración. Es decir, un fenómeno puede manifestarse de modo muy intenso con poca o con mucha frecuencia, con poca o mucha duración. Las repeticiones o extensiones temporales no afectan a la noción de intensidad, que se manifestaría en todas las situaciones descritas. Ahora bien, es obvio que no es lo mismo mantener un grado de intensidad elevado mucho tiempo que un ratito. Los efectos son diametralmente opuestos. O elevar tu nivel de responsividad con escasa frecuencia no tiene nada que ver con hacerlo a todas horas.

Grosso modo cuando hablamos de Intensidad cognitiva apelaríamos al grado en que se manifiestan los pensamientos (racionales o sentimentales) en una persona.

En el caso que nos ocupa de las altas capacidades intelectuales, como su propio nombre indica, el grado de manifestaciones cognitivas es elevado. Y si a eso le añadimos el componente de la elevada complejidad de esas manifestaciones cognitivas (pensamientos), nos proporciona una visión de que lo que solemos llamar cariñosamente como intensitos no es más que el reflejo de una producción ingente de pensamientos complejos que pueden inundar un tema específico o muchos temas distintos (en este caso hablaríamos de multipotencialidad, todoterrenos o polifacéticos).

El sello o marca de las AACC está ahí, y no en la intensidad motora o emocional, que pueden ser simples consecuencias de una resonancia cognitiva poderosa que permea en esas otras dimensiones. Sin embargo, lo habitual es fijarse en los síntomas más básicos y añadirlos como componentes inherentes del constructo, siendo solo acompañamientos que en ocasiones se dan y otras no tiene por qué darse en el grado elevado que sí se da la intensidad cognitiva producto de un poderoso aparato generador de pensamientos a toda mecha que a veces cobra forma de «manguera» y otras de «aspersor».

Muchos padres de criaturas con AACC comentan que les cuesta lidiar con tanta intensidad, y es cierto. Cuando se meten con un tema -o con muchos- su nivel de activación es brutal y los pensamientos brotan de un modo incontrolable que se refleja normalmente en una gran emocionalidad y, por ejemplo, en una verborrea incontenible. No pueden parar de hablar de sus temas preferidos, con un lenguaje más o menos complejo o elaborado. Pero se les nota muchísimo que la raíz está en el pensamiento y no en sus reacciones básicas motoras o emocionales, que simplemente son afecciones normales de esa profusión de imágenes o palabras que inundan sus pequeñas mentes, llenando el mundo de colorido y creatividad en el mejor de los casos, o de dramas insoportables en el peor. Pero todo con una enorme intensidad cognitiva. Seguro que muchas familias saben de lo que estoy hablando.

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