La sobreexplicación en las altas capacidades

Hoy me gustaría abordar este asunto potencialmente espinoso intentando no caer precisamente en un ejercicio de sobreexplicación, tal y como lo define David Helfand: el acto de proporcionar demasiada información o detalles innecesarios al responder una pregunta o explicar un concepto.

Me ceñiré por tanto a puntear tres elementos: contextos, emisor y receptor.

CONTEXTOS DE LA SOBREEXPLICACIÓN

Grosso modo, podemos distinguir dos contextos: i) formales e ii) informales. En un contexto formal, se agradece que las explicaciones sean lo más profundas, claras y detalladas que sea posible, además de ajustadas a la diversidad de receptores. Ejemplos de contextos formales hay muchos: clases, cursos, talleres, academias, conferencias, etc. Podemos agrupar en contextos informales el resto de situaciones en las que no hay un emisor y unos receptores formales, cada uno en su rol.

Esta entrada solo explorará brevemente los contextos informales, mayoritariamente representados por las conversaciones donde el emisor es una persona con altas capacidades.

EMISORES EN LA SOBREEXPLICACIÓN

En el mundo de los adultos con altas capacidades intelectuales, la sobreexplicación es un patrón habitual debido a la brecha que puede existir entre el nivel de comprensión del emisor y el de los posibles receptores.

A menudo, las personas con altas capacidades intelectuales procesan información y comprenden conceptos complejos con mayor rapidez que la mayoría de las personas, lo que puede llevar a una sensación de frustración cuando los demás no pueden seguir su ritmo. Como resultado, pueden sentir la necesidad de explicar una y otra vez un tema para asegurarse de que los demás lo entiendan.

Sin embargo, la sobreexplicación sin petición previa puede ser una táctica errónea en contextos sociales. Me ha venido a la cabeza una anécdota del año 94, cuando un grupo de tenistas y ajedrecistas de muchas universidades coincidimos en un hotel de Barcelona. Uno de los segundos con pinta de no tener mucha soltura social contó un chiste realmente pésimo y no tuvo otra mejor ocurrencia que tratar de explicarlo ante el silencio que obtuvo. Vamos, que contar un chiste malo es malo, pero explicarlo como si los demás no lo entendieran (preguntando expresamente «¿lo has entendido?») es aún peor. Es importante ser conscientes la situación y reconocer cuándo estamos sobreexplicando.

Por otro lado, si el emisor tiene la tendencia a profundizar en los detalles y aportar información adicional que, aunque sea relevante, no tiene por qué ser necesaria para comprender el tema en cuestión lo más probable es que una sobreexplicación pueda resultar abrumadora para los demás, lo que nos lleva a poner el foco en los

RECEPTORES DE LA SOBREEXPLICACIÓN

El exceso de información o la profusión de detalles innecesarios puede limitar la capacidad de los receptores para aprender y comprender el mundo que les rodea ya que les impide descubrir las respuestas por sí mismos y desarrollar su propia comprensión del tema en cuestión.

Ante esa tesitura, el emisor puede cambiar el patrón de dar respuestas a las preguntas por el de estimular la curiosidad, ayudando a los receptores a descubrir las respuestas por sí mismos. Una de las opciones sería hacerles preguntas abiertas y dejar que exploren diferentes posibilidades, con o sin guía para que encuentren sus propias respuestas.

También es importante permitir que las personas experimenten y cometan errores, ya que esto les da la oportunidad de aprender y descubrir cosas nuevas. Otra opción interesante puede ser alentar a las personas a hacer conexiones entre diferentes conceptos y disciplinas, ya que esto ayuda a desarrollar un pensamiento crítico y creativo.

RETOS PARA UNA COMUNICACIÓN MÁS EFECTIVA

Esta tendencia a dar explicaciones de más con excesiva frecuencia puede derivar en un hábito poco saludable y ser un obstáculo en la comunicación efectiva y, cómo no, en las relaciones interpersonales. Además, es un proceso incómodo para ambas partes. Por la parte del emisor, porque a la larga da palo tener que dedicar más tiempo del normal a explicar un tema (o muchos), y no solo en asuntos académicos sino en cualquier esfera de nuestra vida cotidiana. Por la parte del receptor, porque molesta no entender una cuestión y por más que te lo repitan no lo vas a comprender mejor. Es importante conciliar ambas posturas, aunque se suele una confusión habitual que es la de considerar una explicación compleja sinónimo de una explicación enrevesada, de modo que inmediatamente se le carga al emisor el muerto de utilizar un lenguaje difícil, lo que puede derivar, llegados al extremo, en juicios realmente lamentables como este:

En cualquier caso, es recomendable trabajar en habilidades de comunicación y empatía para poder adaptarse al nivel de comprensión de los demás y evitar caer en la sobreexplicación por un lado o en juicios precipitados sobre la persona que trata de aportar un conocimiento sin más pretensiones por el otro. Obviamente esta es una situación ideal, un desideratum, no suele ser la realidad con la que nos encontramos en el día a día. Lo más habitual es la fuerte sensación de incomprensión mutua, que solo el cariño puede apaciguar.

Cambiando de contexto, se asemeja a la sensación que pueden tener unas personas que tienen más facilidad para aprender o adquirir habilidades motoras. P.e. deportistas, bailarines, etc. Si no eres entrenador o profesor, las relaciones entre personas de distintos niveles de ejecución no suelen ser amorosas. Existen excepciones en personas que recuerdan cuando empezaron y son empáticas con las que llegan nuevas, acercándoles al aprendizaje y mejora de esas habilidades. En este caso pienso en las sensaciones que tuve en el pasado aprendiendo a jugar a Badminton o a Pádel, o ahora mismo empezando a bailar Bachata y pronto Salsa. Poquísimas personas con destrezas consolidadas «pierden el tiempo» tratando de ayudarte en tu proceso de aprendizaje. Lo habitual es que te inviten a que vayas a un contexto de aprendizaje formal. Y nadie les tacha de soberbios por no «rebajarse» de nivel ni de egoístas por no «compartir» su conocimiento con el novato de turno. Se acepta como parte de un proceso. Sin embargo, con temas cognitivos la cosa se vuelve algo más delicada, como señalé al inicio. Y no debería ser así porque probablemente el emisor esté intentando acercarse más de lo que lo hacen los más habilidosos en las artes motóricas, con sus debidas excepciones que sí pueden achacarse a ciertas actitudes poco tolerantes con quienes no conocen o no comprenden tan fácilmente las cosas. Mi experiencia me decanta por el lado del interés más que por el del desinterés en acercar espacios de significación, pero igual soy demasiado idealista. Quién sabe.

OPCIONES EN CASO DE NO LOGRAR ACERCARSE

Para finalizar, señalaré que para aquellas personas con cierto nivel de complejidad cognitiva que, intentándolo, no consiguen establecer puentes de comunicación efectivos con su entorno pero quieren aprender a hacerlo, siempre tienen opciones de conectarse con otras personas o grupos de interés común, participando de actividades sociales que les resulten gratificantes. A veces el alivio de sentir que no tienes que sobreexplicarte con tanta frecuencia es tan grande que te relajas y escuchas los consejos de otros para mejorar esa comunicación rota. Es como encontrar un rincón de seguridad que te permite restablecer tus niveles de autoestima, dándote cuenta de que este es un proceso bidireccional y que cuando encuentras personas que tienen más facilidad -heredada y/o adquirida- para comprender la fuerte sensación de incomprensión va disipándose. Y a partir de ahí puedes volver a intentarlo gracias a las nuevas herramientas que tendrás. Por supuesto, hay muchos grupos que pueden alinearse con sus intereses específicos: debates, lecturas, ciencias, teatro, deportivos, prosociales, etc. Eso sí, es importante unirse a un grupo de «iguales» (aunque sean completamente dispares) no para cerrarse sino para abrirse. Por fortuna, tengo la suerte de pertenecer y participar en un espacio así. Redaci fue un regalo en mi vida y cada día lo agradezco porque me permite crecer, aprender y mejorar. Y me consta que muchos de sus miembros sienten algo similar. No es la única opción, ni mucho menos, pero si es una muy bonita para aquellas personas que captan su idiosincrasia.

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