Historias inspiradoras (II): A los papás de los compañeros de mi hijo

Yo soy la mamá… la mamá del «niño nuevo».
Como ya les deben haber comentado sus hijos, el mío a veces tiene ciertos episodios donde se enoja mucho, llora, se pone rojo y grita. Se frustra con facilidad, muchas veces culpa a los demás y le cuesta darse cuenta de sus errores. También es perfeccionista. La mayoría de las veces, luego de esto, reflexiona sobre su comportamiento, se tranquiliza y pide disculpas si fuese el caso.

Yo lo tengo claro. Sé que esto le sucede. Lo sé porque le pasa desde pequeño y desde antes de llegar a este colegio. En este caminar con él, hemos descubierto que esto que le pasa tiene un nombre. Y no, no es TDAH (déficit atencional), no es TEA (trastorno del espectro autista), y por si a alguien se le ocurrió, tampoco es TOD (Trastorno oposicionista desafiante), y tampoco es un niño malcriado o mimado, al que los «papás lo dejan hacer y deshacer». Tampoco le falta más mano firme. Lo que «tiene» mi hijo es ACI o altas capacidades intelectuales. Y lo puedo decir ahora, luego de un tiempo, porque me costó asumirlo.
Fue difícil y poco entendible. Ahora que conozco del tema puedo compartirlo sin pudor y sin miedo al qué dirán. Porque sé que aún hay muchos mitos en torno al tema. Y para la mayoría de las personas es un tema muy desconocido. Existe la creencia popular de que los niños «superdotados» son todos niños más maduros y regulados, ¡pues claro! el ser inteligente debería dotarlos de una autorregulación también sobre la norma. Pero no, no suele ser así. En el caso de mi hijo, explicando gráficamente, es un niño…¡niño!, cuyo cuerpo físico tiene su edad, pero su desarrollo mental es superior a su edad cronológica. Esto a nivel intelectual no físico y por lo tanto no hormonal. Esto se llama desarrollo asincrónico o disincronía. Mi hijo tiene una disincronía. Tener por así decirlo dos edades en un mismo cuerpo no es fácil. Con esto no les estoy justificando su actuar, sino que les estoy contando el por qué. No para generar en ustedes carisma sino algo de empatía. Los «síntomas» de esta disincronía han sido trabajadas desde antes de saber su condición. Mi hijo asiste al psicólogo desde los 6 años. Como padres nos dimos cuenta de que necesitaba de este apoyo y nos hicimos cargo. Este mismo profesional nos sugirió lo de las altas capacidades, pero pensamos erróneamente que no era gran aporte ponerle una etiqueta que además está muy sobre estigmatizada en nuestra sociedad. Como familia hemos estado buscando apoyo desde hace años. Se nos han cerrado varias puertas en otros establecimientos, creímos que no había cabida… pero, siendo justos, nos hemos encontrado también con buenos profesionales.
Sé que al parecer de muchos, mi hijo sigue siendo el niño que llora en clases, que rabea y etc., pero detrás de él hay una gran batalla interna. Además ha avanzado mucho. Tal vez para ustedes que no lo ven directamente no hay cambios. Sin embargo, para nosotros y los profesionales que lo han atendido ha mejorado muchísimo.
Y seguimos trabajando día a día para que comprenda mejor su propio ser, pueda ir lidiando con sus frustraciones y aprenda a reaccionar de una manera más ajustada en la sociedad.
Les cuento esto para que mi hijo deje de ser el niño raro que se enoja y estalla por todo.
Les cuento esto para que puedan comprender las diversidades que existen en la sociedad.
Les cuento esto para ir derribando mitos sobre las ACI, y no solo por mi hijo, sino por los otros niños y niñas como él que están buscando un lugar y explicaciones.
Les cuento esto porque como mamá pido empatía. No soy una mamá que esté desinteresada o que malcríe a su hijo.
Soy una mamá que se preocupa por su hijo. Que llora para que los procesos de mi hijo ojalá fueran más rápidos y así no moleste a nadie.
Soy una mamá que ha recorrido un camino que no ha sido fácil.
Soy una mamá que ha sido juzgada, catalogada como mano blanda, malcriadora, negligente.
Soy una mamá de un niño con necesidades educativas especiales que por ahora ningún decreto educativo visibiliza.
Soy una mamá que lucha para que su hijo siga mejorando.
Soy una mamá que lucha para que sus profesores conozcan del tema y lo comprendan mejor.
Soy una mamá que pide empatía y oportunidades.
Y mi hijo … mi hijo aprende con facilidad, es muy creativo, inventa comics, es rápido, tiene muy buen oído musical, toca piano desde los 4 años. Es bueno para las matemáticas, le gusta la lógica, la astronomía. Es muy curioso, preguntón. Es muy sensible…vive las emociones a full.
Finalmente gracias a todos ustedes, a los papás de los compañeros de mi hijo por llegar a leer todas estas líneas.
Agradezco también a sus hijos por darle un espacio al mío, por compartir con él, porque ha logrado sentirse a gusto en su curso, porque tiene amigos y amigas que intentan entenderlo.
Creo que sus hijos también aprenden del mío, que hay diferentes tipos de personas y todas necesitan oportunidades.
Saludos a todos.
Escribí la carta mucho antes de tener la intención de enviarla. Tenia miedo e inseguridad en si iba a ser comprendida. Sin embargo, me atreví y luego de enviarla pasó mucho más de lo que esperaba.
En primer lugar, fue acogida con bastante empatía y cariño. Incluso algunas madres se acercaron a contarme sus propias vivencias personales y de sus hijos en torno a la discriminación por tener una “condición” o un “trastorno”. Otras me brindaron su apoyo y comprensión. Varias me preguntaron sobre el tema y con intenciones de conocer más. Algunas me agradecieron el abrir el espacio para este tipo de temáticas, que no son tan abordadas por los colegios, pero son muy significativas para los apoderados.
En segundo lugar, la carta llegó a manos de los directivos del colegio, se nos pidió poder compartirla con los profesores y con la comunidad escolar. Se mostraron realmente interesados en poder brindar apoyo a mi hijo. Además se nos solicitó a mi esposo y a mí poder hablar del tema de las Altas Capacidades en algún taller para el profesorado. Habían caído en la cuenta de que desconocen esta “condición” y que muchas veces actuaron de forma injusta por desconocimiento.
En tercer lugar, me siento mucho más acogida, comprendida y esperanzada. Creo que el mostrar mi realidad ha servido para abrir un espacio y de esta manera que la sociedad entienda mejor el mundo de las altas capacidades. Siento que es un granito de arena que ayuda a que otros niños sean vistos con empatía.
Autora: Pía Cereceda
La Serena, Chile
@pia.cereceda

Esta carta podría haberla firmado yo. Muchas gracias por compartirla y hacernos verr que nos somos los únicos en sentirnos así.
Yo también me sentí mejor al saber que no estaba sola en este camino. Somos varios padres los que nos hemos sentido así. Aún sigo en esto, esperanzada de que podemos sensibilizar y generar conciencia, por un mundo más empático.
Cariños y saludos!!
También me sentí mejor cuando me di cuenta de que no éramos los únicos… Este camino es a ratos bien difícil, pero tengo la esperanza de que cada vez será más fácil haciendo conciencia y generando empatía.
Saludos y cariños!
Felicitaciones Pía y Juan Pablo,me encanta como han enfrentado y abordado el tema de Lucas.
No sabes lo identificada que me sentí con tu carta,tú sabes porqué lo digo,es bueno visibilizar este tipo de niños que viven una realidad muy desconocida.
Gracias!! Es necesario hacer visibles a los niños con altas capacidades…se desconoce tanto y hay muchos mitos. Gracias por sus palabras ☺️😌 y seguimos creando conciencia.
Misma situación, solo que mi hijo no estaba valorado y se le pasaban pruebas de todo menos de aacc. Cinco malos años y un niño destrozado emocionalmente, con una autoestima por los suelos tuvo que pasar para que finalmente lo valoraran correctamente. Una infancia en la que ha odiado el colegio. Afortunadamente su paso al instituto después de la valoración y el conocimiento allí de las aacc, ha sido maravilloso, parece otro niño.
Muchas gracias