Pensamiento constructivo

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Más allá de las palabras

Hablamos mucho de pensamiento positivo. Esa forma de pensar que, en esencia, te dice que «bueno, todo va a mejorar y tal». Es un tipo de pensamiento basado en la mera esperanza, algo pasivo que no incide en nuestra realidad. Evidentemente es más sano que el pensamiento negativo porque no se basa en la desesperanza de que, pase lo que pase, nada va a cambiar y todo irá a peor.

Frente a, y a veces contra, esta forma de pensar que no conduce realmente a nada tenemos lo que podemos denominar como pensamiento constructivo.

¿Qué entendemos por pensamiento constructivo? Básicamente, es una herramienta mental que se dirige única y exclusivamente a la búsqueda proactiva de soluciones a los problemas. Problemas en un sentido operativo, no hablamos de dramas personales o situaciones que trascienden nuestra capacidad de obrar. Si acontece una inundación, pocas soluciones podemos aportar a eso más que tratar de sobrevivir y salvar lo máximo que podamos. Hablo de algo más cotidiano y asequible. Puede ser algo tan simple como arreglar un enchufe (acción con incidencia individual) o algo más complejo como mejorar la vida de una comunidad de personas (acción política, con incidencia colectiva). Lo relevante es la herramienta y el uso que se le dé. En cada contexto diferirá en los modos y en el alcance, pero la base es la misma: pensamiento propositivo. Es muy potente para aprender a afrontar problemas en contextos tan variados como la familia, el trabajo, las relaciones sociales o íntimas, etc. Es, en definitiva, una actitud muy útil frente a la vida, porque es realista sin ser optimista (creer que todo está bien o que todo puede mejorar solo) ni pesimista (creer justo lo contrario). La virtud del término medio, que no es sinónimo intercambiable de mediocridad -la actitud de no actuar por miedo a sobresalir o a quedar por debajo de determinadas expectativas ajenas-.

Este pensamiento es muy atractivo para aquellos que no se sienten capaces de ejercerlo o para aquellos que no desean que logre aportar soluciones. Sin embargo, no es nada luminoso porque no se edifica en idealismos (en lo que debería ser) ni está por encima de la cruda realidad. Es más bien un humus nutritivo que soporta el terreno y nuestras raíces sin brillar allá a lo lejos, en el cielo del postureo. Por eso no se vende tan bien como otro tipo de herramientas mentales, no coloniza mentes con tanta facilidad como el guruseo rampante o la venta de soluciones rápidas a problemas que requieren trabajo, trabajo y más trabajo. Nadie comprará un producto que requiera esfuerzo mantener. Es más fácil y asequible adquirir otros que supuestamente te salvarán de tus dificultadas a un módico precio.

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Como todos sabemos, es mucho más fácil destruir que construir. Es un camino corto y efectivo para satisfacer necesidades egoicas del estilo del perro del hortelano: ni hago, ni dejo hacer. Durante muchos años he vivido, como la mayoría, este tipo de carcoma mental. Esa manera torticera de tratar de apagar cualquier tipo de luz porque nuestro pequeño y débil ego se siente aún más empequeñecido frente a los que, simplemente, tratan de hacer cosas, agrandando los errores y minimizando los aciertos ajenos. Curiosamente, es un modo de vida terriblemente doloroso para quien lo ejerce porque jamás sana por dentro. Se nutre de la destrucción y, cuando lo logra, aparece ahí para figurar. Es un pequeño y fugaz triunfo que, sin embargo, impide avanzar.

Pero, a pesar de todo eso y de que cuanto más logres hacer más elementos nocivos vas a encontrar en el camino soy y seguiré siendo un firme defensor del pensamiento constructivo. Del que busca soluciones y no culpables cuando hay problemas. Del que asume la responsabilidad de los fracasos tanto como la de los éxitos. Porque esa pequeña luz no requiere de artificios para mostrar todo lo que lleva dentro. Aunque solo sean unos pocos los que la vemos y valoramos en su auténtica medida. A nivel personal, llegar a alegrarse de los éxitos ajenos es un logro importante y una buena medida de higiene mental que recomiendo a todo el mundo.

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4 comentarios

  1. Ante la situación de confinamiento la atención de las necesidades educativas específicas de los adolescentes, niños y niñas de altas capacidades dió un paso atrás. Pero gracias a una reconversión de su junta y al buen hacer de su actual presidenta y tesorera, en Aupatuz hemos conseguido generar ese pensamiento constructivo. Estamos trabajando para sacar adelante Sakonduz, una propuesta de atención on line, con voluntad de trabajar dentro del horario lectivo. Una propuesta que, de salir airosa, puede activar la creatividad de otras asociaciones en la búsqueda proactiva desoluciones.

      1. Esta clarísimo que si las familias no se mueven la administración no se va a molestar lo más mínimo. Como ya has comentado por RRSS, las familias no saben el poder que tienen. Empoderarse y actuar es necesario.

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