¿Por qué no hablas más sobre adultos con altas capacidades?

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El otro día un adulto con alta capacidad intelectual al que conozco virtualmente desde hace años me lanzó una pregunta similar a la que encabeza esta entrada. Lo cierto es que es una pregunta importante y creo que merece una respuesta algo más elaborada por este medio.

Sinceramente, no creo que sea la persona más indicada para hablar de los adultos con alta dotación intelectual  general (gifted) ni de los adultos con gran habilidad específica (talented). Es cierto que soy de los pocos casos de personas con más de cincuenta años que tiene una valoración desde pequeño que me ha permitido integrar esa información sin darle demasiada importancia. Y eso ayuda bastante, sobre todo viendo los conflictos internos que suele generar en muchos adultos una identificación tardía. Esto pude comprobarlo hace pocos años con la llegada a España del libro de Jean Siaud-Facchin ¿Demasiado inteligente para ser feliz?, texto que supuso una auténtica catarsis en el colectivo, y más en los adultos que lo leyeron. Para muchos fue una sacudida sin precedentes y la gestión de todo eso en ocasiones no es sencilla.

También lo es que llevo diez años involucrado en el ámbito de las altas capacidades y que, a nivel personal, quise hacer una valoración crítica de los instrumentos que se usaban para determinarlas desde la propia experiencia. Me puse en manos de una profesional con amplio bagaje en 2010 y realicé una batería de pruebas cognitivas y de personalidad, aparte de una entrevista personal. Un informe muy completo, en definitiva. Esas pruebas corroboraron lo que ya sabía desde pequeño, así que no hubo ningún conflicto interior que resolver. Pero sí me sirvió para entender en primera persona las limitaciones de esos instrumentos que tratan de determinar quien «es» y quién «no es» de cara a una intervención educativa diferenciada. No me detendré aquí a detallarlas. Se lo iba comentando a Susana mientras revisábamos las pruebas, lo que pedían y lo que pretendían medir.

He conocido a muchos adultos con altas capacidades a lo largo de estos años, tanto a nivel virtual como real. Y he llegado a la conclusión más obvia: cada uno somos de nuestra madre y de nuestro padre. No existe un patrón universal único que nos diferencie del resto de personas, más allá de que cada uno presenta un alto nivel cognitivo en una o varias áreas, que es la «huella» o el «sello» distintivo de las altas capacidades intelectuales, como su propio nombre indica. Todos los demás añadidos que se le reconocen a las personas con AACC están muy cogidos con pinzas. Sobre todo en el ámbito emocional, que es el que más vende hoy día. Y digo vender porque lógicamente el adulto con AACC no interesa a la sociedad por lo que es o por lo que le pueda aportar. Más allá de alguna noticia en la que salen adultos contando sus vidas e inquietudes personales. Ese asunto, sinceramente, es irrelevante. Como es irrelevante mi vida y mis inquietudes. Esto no nos diferencia del resto de personas.

¿Que tengo un modo de procesar la información diferente a la mayoría? Sí, ¿y qué? ¿Eso me hace mejor o especial? No lo creo. ¿Que me interesan algunos temas de mayor profundidad y no suelo encontrar personas en mi día a día que tengan inquietudes similares? Pues sí, ¿y qué? No pasa nada. También me interesa mucho el fútbol, la política o incluso la música bailable, todos ellos bastante simplones o superficiales. No ando todo el día en una nube de filosofía y trascendencia. Me gusta, como he dicho en alguna ocasión, la gente buena, amable, desprendida y alegre. Con eso ya me siento cómodo y puedo integrarme en cualquier conversación sin sentirme mal o «desaprovechado». Cada uno es como es y le interesan los temas que le interesan. Si estás en un ambiente en el que no se trata lo que a ti te gusta tienes varias opciones: introduces el tema tú mismo, sigues el tema que se esté tratando con normalidad o te vas, física o mentalmente. Nada más…

La vida es muy corta e intensa para darse demasiada importancia. Estamos aquí de paso. Pisamos, dejamos huellas en algunas persona y el tiempo termina por borrarlas. No hay más.

Los adultos con altas capacidades no somos seres especiales. Ni, por supuesto, somos «una especie diferente». Somos seres absolutamente normales que tenemos la suerte de tener alguna habilidad cognitiva por encima de la media, como otros tienen la suerte de tener alguna habilidad motora, musical, visual, emocional o de cualquier otro tipo.

Eso no quita que crea que la sociedad en la que vivimos despilfarra estas habilidades cognitivas. Primero, porque no las comprende (los mitos y estereotipos -negativos o positivos- no ayudan) y segundo porque no piensa a largo plazo. Invertir en talentos distingue a las sociedades avanzadas de las atrasadas, y los países como el nuestro que no los cultiva los pierde en el camino. O se los llevan otros países que les dan las oportunidades que aquí no tienen para desarrollarse.

El trasfondo que explica todo esto es la crisis de conciencia que como sociedad vivimos. Somos incapaces de ver más allá de nuestros ombligos o de lo más operativo, de lo que necesitamos con urgencia, ya de ya. Y que eso no lo puede cambiar una persona, ni dos, ni tres. Es un asunto de toda la tribu. De largo alcance.

Por estas razones no suelo hablar de adultos con altas capacidades. Rechazo de plano tanto los estereotipos negativos que anclan los medios de desinformación como los estereotipos positivos que anclan algunos investigadores y que sirven para que muchas personas se apeguen a ellos, generando un discurso que no comparto en absoluto aunque esté dentro de los parámetros descritos. E insisto. No, no somos especiales. No, no somos una especie distinta ni una avanzadilla de una especie mejor como he visto escrito por uno de esos adultos que no supo gestionar su reconocimiento tardío. Y como no lo veo, pues no hablo de ello para no incordiar más. Que cada uno elija el camino de consuelo que desee seguir.

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16 comentarios

  1. Pues es muy sincero tu post !! el punto de vista desmosta muchas impresiones que se puedan tener , tu tuviste la suerte de saber cuando eras joven o mas joven 🙂 porque creo que nunca dejamos de serlo, por desgracia para mi , lo he descubierto hace 3 meses y tengo 51 años .. muy enriquecedor ..gracias José Luis !! 😉

    1. Sí, me ha salido de las tripas sin elaborar. No me gusta hacer daño con mis impresiones y por eso tampoco me exceso en ciertos temas pero creo que era necesario aclarar esto.

      Creo que los que os reconocéis tardíamente sois los que debéis hablar más sobre los procesos internos que afloran y sobre cómo los vais gestionando para integrar esa nueva información

  2. Dices que “la sociedad no piensa a largo plazo”. Dices que “somos incapaces de ver más allá de nuestros ombligos o de lo más operativo, de lo que necesitamos con urgencia”. Quisiera saber si te consideras parte de la sociedad y si te sientes incluido en ese “somos”. O quizás hablas en genérico, referido a la mayoría. Porque si encuentro algún punto en el que llevo “chocando” con la mayoría de las personas de mi entorno toda mi vida es ese precisamente.

  3. La gestión del reconocimiento tardío no es facil, de entrada porque parte de una situación personal complicada que te obliga a buscar ayuda psicológica. Pero además una vez lo descubres, emergen de lo mas profundo sentimientos de rabia, tristeza, dolor, que vienen de lejos, tan lejos que se remontan a los inicios de uno mismo. Solo el tiempo, creo, y en mi caso la ayuda psicológica, pueden ayudar a ir sedimentando todos estos sentimientos hasta poder llegar a la visión sensata e inteligente que describes. Estoy en ello, pero requiere su tiempo.

    1. Precisamente por esto que cuentas le decía a Javi que quienes tenéis que hablar de adultos sois vosotros.

      Esos procesos y como se van superando cosas e integrando otras si merece la pena ser escrito para que sirva de ayuda a otros.

  4. Me encantaría poder comprobar la veracidad o falsedad de la impresión personal que tengo al respecto a la distribución en la población de la capacidad de “ver más allá” (en lo social y lo temporal) respecto a la experiencia /vivencia personal y perfil psicológico/cognitivo de las personas.

  5. Yo soy también una cebra y he perdido todo contacto con todo y lo peor me siento un ignorante total !! no consigo ordenar nada en mi cabeza … para mi ese es el reto después de una vida de terapias con distintos, psicólogos/as, siquiatras/os … y la ansiedad como algo terrible que impide caminar, vivir …ser … solo personas como vosotros pueden tener una idea de que va esto … para mi sigue siendo lo importante en la vida encontrar la «paz» para poder desarrollarme como ser humano y que cabeza funcione. ser capaz de conducir mi fórmula 1 … es tan difícil!! … con un 150 CI … que va a toda ostia por caminos empedrados es muy difícil … me accidento cada 30 minutos … no sé nada, no entiendo nada … es terrible … gracias por vuestros aportes que para nada entiendo … pero no por eso dejo intentarlo … abrazos

  6. No lo seras tu jejej y cuando les atiendan en la escuela y luego lleguen a adultos y se encuentren con lo mismo? Porque no luchaste para que de adultos tambien tuvieran un espacio. A tomar por culo la esperanza

  7. Está genial expresado el artículo, enhorabuena. Y especialmente interesante lo que dices sobre ‘sentirse desaprovechado’. Cuántos padres hay angustiados por el talento supuestamente desaprovechado de su hijo. Recuerdo la persecución que viví entre profesorado y familia para que hiciera algo útil en lugar de Bellas Artes. Afortunadamente no por parte de mis padres.
    La verdad que no va uno por ahí dando cifras o enseñando pruebas pero cuando te comunicas con una persona de alta capacidad, de esas de nobleza y buen hacer que comentas, simplemente lo sabes y lo aprecias, sin necesidad de montar organizaciones o reuniones exclusivas. ¡A vivir la vida bella!

  8. Gracias por tus palabras, Bea.

    Claro que no hay que ir por la vida enseñando/ocultando cifras o pruebas. Si el contexto lo da, se expone; si no lo da, no se expone. Es bastante sencillo de entender, aunque a veces no tan sencillo de aplicar 😀

  9. Creo que es sincero,pero también desesperanzador. Rescato cosas importantes: siempre es difícil poder hablar desde una perspectiva personal, sobre algo que no somos, Si no soy un adulto identificado tardíamente, no puedo hablar de eso sin que emita un juicio. Eso lo respeto. Pero emites un juicio. No se trata de necesidad tardía de reconocimiento o atención, y obvio, si ya tuviste de niño (cuando se cimienta el autoestima) el reconocimiento y atención adecuados a tus rasgos, es evidente que no es para ti una necesidad. Pero eso no resta validez a la necesidad de otros y tampoco lo disminuye en importancia. Hay que haber crecido en esos zapatos para entender. Escoger abordar el tema desde la infancia únicamente es una elección. Y está bien. También no sentirse especial por cualquier rasgo. Y por supuesto nadie espera una bandera de orgullo o una estrella en el pecho por ser superdotado… Pero tampoco es necesario restar valor al tema, porque este proceso personal no es fácil, es arduo. Ahora, escoger qué hacer con la superdotación (en niños o adultos) es una decisión auténticamente propia. Por eso es importante acompañarnos.
    Es fácil juzgar, lo que no se ha vivido. Así que respeto que escojas no hablar del tema, pero por favor, no lo disminuyas porque para otras personas, tiene muchísimo valor poder comprender quienes somos.
    Abrazo.

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