Historias inspiradoras: Algo le pasa a mi hija

Yo empecé como lo hicimos muchas de nosotras, madres de hijos e hijas con altas capacidades, a indagar sobre el término alta demanda. Algo «le pasaba» a mi niña. Tenía claro que iba a darle el pecho hasta que la vida nos dijera «hasta aquí», y así fue. A mí me empezó a hablar alto y claro y, de una forma muy natural, decidí que la lactancia terminó. Y ella, casi el mismo día, comprendió como por arte de magia que ya era hora de alimentarse exclusivamente de comida. Pero eso fue lo único que pude decidir.

No decidí vivir intensidades de aquel calibre, profundidades, ahogos y dolor de corazón por nadar contra corriente día sí y día también. No decidí tener que luchar contra la crítica por todo. Esa crítica devoradora de sueño, de paz y de firmeza. Esa que se clava hasta doler. Pero eso se sana. Con el tiempo y con mucha paciencia. Palabra.

No decidí vivir tormentas a la intemperie, reveses de la vida cuando pensaba que tenía la crianza encarrilada y «controlada». No decidí tener que abarcarlo todo, maternidad, familia, pareja, trabajo, casa, día, noche…

Como madre solo sabía de un rumbo, de una dirección fija que no estaba dispuesta a dejar. En mi mochila, amor, cariño, comprensión… Pero me salí del camino; y me salgo, varias veces, incluso en un mismo día. Aprendizaje, eso sí, mucho de eso.

Como mujer, ya no sabía ni quién era. Mi mundo estaba patas arriba. Y tuve que sacudir una y otra vez ese ropaje viejo que casi desde niña escogía para ponerme cada mañana al abrir el armario. Era hora de mudar, de transformarme.

Después llego el término «hija de espíritu libre» e indagué. Sí, muy bien, me dije, pero aquí hay algo más. Ninguno de los consejos que leía en internet y en algún que otro libro encajaba en mi vida y sabía que debía seguir escarbando… Y escarbé, por supuesto. La vida me seguía empujando hacia un lugar desconocido con todo el miedo que me ocasionaba caminar en soledad por esos terrenos tan inhóspitos. Caminos serpenteantes que me arrojaban a callejones sin salida y otros tantos que no quise seguir porque no eran para nosotras…

Hasta que un día, un médico naturópata al que la llevé para consultar lo de sus mareos constantes en coche me dijo: «¿aún no te han llamado del colegio para hablar de tu hija?» No entendía su pregunta y mi respuesta fue un temeroso «no, ¿por qué?». Me dijo que me llamarían sin duda, que si conocía el término «Alta Capacidad» porque la niña daba todo el perfil. Mi cara se quedó como la del emoji de whatsapp con los ojos como platos. Estaba francamente sorprendida por aquella afirmación tan contundente. Me explicó qué era eso. Y la verdad, en el fondo de mi corazón tampoco me sorprendió tanto… No sabría describirlo en pocas palabras, porque eso me cuesta horrores, pero si tuviera que definir lo que me produjo su opinión sobre mi hija en una sola palabra sería DESCANSO.

Me dijo que desde que llegamos lo detectó, le hicieron falta pocos minutos. Mi pequeña entró fascinada a la consulta de ese doctor tan diferente que tenía las pareces totalmente cubiertas de librerías atestadas de libros desde el techo hasta el suelo. Me miró asombrada y después miró al doctor (que rondaba los 80 años y tenía pinta de ratón de biblioteca) y se preparó para disparar. Él se bajó las gafas hacia la punta de la nariz y fijó sus ojos en ella. Su adorable carita, como siempre cuando se emociona, brillaba con fuerza. Sus penetrantes ojos negros barrieron en un santiamén cada rincón de la consulta. Le bastaron cinco segundos para analizar. «Mira mamá, como nuestra casa. Este doctor me va a gustar. ¿Cómo se llama usted? ¿Por qué tiene tantos libros? ¿Qué tipo de pacientes vienen aquí? ¿Qué tipo de libros le gusta leer? ¿Voy a tener que tomar medicinas? ¿Ahora podré viajar al espacio sin marearme?”

Y ahí empezó todo. El amable doctor no paraba de observarla y de mirarme sonriente a cada cosa que ella decía. «Esta niña es una máquina de hablar, de preguntar y de conjeturar». Pasamos un rato muy divertido y aunque no funcionaron sus remedios para el mareo en el coche fue el inicio de una búsqueda profundísima que me ha llevado a llegar hasta el fondo de un tema tan apasionante como el de las altas capacidades intelectuales.

Estoy en un punto en mi vida en el que por fin me encuentro cómoda, en paz, y con una seguridad que deseaba poseer desde hace varios años. Por fin sé qué necesidades reales tiene mi hija y ahora me siento capaz de acompañarla en su camino.

Sonia

@planetaemocion

Publicaciones Similares

Un comentario

  1. Qué difícil es encontrar tu camino cuando no tienes camino que seguir porque el que está hecho no es el tuyo. Lo curioso es que siempre aparece alguien en el momento más inesperado, cuando ya no puedes más y casi aceptas tu sino de sufrimiento y desesperación pensando que será así para siempre.

    Muchas gracias

    Natxo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *